Entrevista a Adrián Machado sobre la relación entre el bienestar y la salud

Adrián Machado es Doctor en Medicina General, Instructor de Yoga, Hipnólogo Clínico, Practitioner en PNL y Terapeuta en Flores de Bach.

Adrián Machado se dedica a la medicina general y paralelamente trabaja en la reducción y el manejo del estrés y en el desarrollo de un mayor  bienestar, basándose en terapias complementarias y medicina.

Actualmente está viviendo en Barcelona, mientras continua trabajando y realizando un postgrado en psicoterapia e Hipnosis Ericksoniana.

¿Qué relación hay entre el bienestar y la salud?

Hay una gran relación. No te diría que son sinónimos, pero casi. Al punto de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) utiliza la palabra bienestar para definir a la salud, explicando que ésta es el estado de completo bienestar, físico, mental  y social.

Cuando la OMS diseñó esta definición de salud contempló un área biológica, psicológica y social o relacional para este bienestar, por eso sería muy simplificador y equivoco equiparar la salud solo con lo que pasa en el cuerpo físico, sino que también tenemos que tener en cuenta nuestra mente y nuestra vida de relación.

Si observamos a nuestro alrededor, en nuestro entorno difícilmente podremos encontrar una persona saludable de forma integral, que no experimente bienestar, por lo menos en forma más o menos general en su vida.

Y es muy interesante, cuando comenzamos a concebir nuestra salud en términos de mayor bienestar, porque podemos trabajar para incrementar nuestra salud, aumentando el  bienestar en algún área de nuestra vida. Y a nivel orgánico esto se traducirá en una reducción de la producción de hormonas y sustancias de estrés, y en un cuerpo y una mente más vitales, que pueden relajarse y descansar con mayor facilidad.

¿Y cómo podemos incrementar ese bienestar y nuestra salud?

En principio, siguiendo algunos consejos y recomendaciones que ya venimos escuchando desde hace tiempo, pero que siguen siendo de igual importancia: una actividad física regular, adaptada a la edad y a la capacidad física de cada persona, y una dieta saludable, variada, pero que contenga una importante proporción de fibras, frutas, verduras, semillas, granos, y alimentación lo menos posible procesada o industrializada. También ayuda abolir o reducir conductas adictivas como el consumo de tabaco, alcohol, drogas, o cualquier otra sustancia o actividad que generen una necesidad, una compulsión de consumo, y luego un sentimiento de abstinencia y malestar. Todo esto que mejora la salud desde un punto de vista físico, también nos beneficia a nivel mental y emocional, y nos permite tener un cuerpo más ágil, liviano y flexible, que se siente bien y se disfruta más, y eso es bienestar.

A todo esto le podemos sumar otras recomendaciones como reducir el nivel de estrés, o dicho de otra forma, generar más espacios de relajación física y mental, hábitos adecuados de sueño, sentirse estimulado y entusiasmado a nivel laboral y personal, y generar vínculos sociales y afectivos también estimulantes, pero sobre todo saludables; relaciones que no sean una fuente de estrés, sino que sean más bien un apoyo para reducirlo.

Sé que habitualmente no tomamos todo esto en cuenta a la hora de pensar  en nuestra salud, pero la verdad es que si descuidamos el bienestar en algún área de nuestra vida, se genera un mayor nivel de estrés, porque el bienestar reduce el estrés, y hoy en día hay una clara relación entre el estrés y la enfermedad.

¿Y justamente, sobre eso iba mi siguiente pregunta, Por qué es tan importante la reducción del estrés para mantener la salud,  y que papel juega el estrés en una enfermedad?

Bueno, creo que la mayoría de las personas hoy tiene alguna idea de la asociación entre el estrés y las enfermedades cardíacas.

El estrés está catalogado como factor de riesgo para la salud cardiovascular, eso significa que una persona que viva con un mayor nivel de estrés tiene un riesgo mayor de padecer una enfermedad cardiovascular. Obviamente, no podemos decir que todos los que sufren estrés van a tener un infarto. Un factor de riesgo es algo que aumenta la probabilidad de sufrir una condición, pero no la determina. De hecho en las enfermedades cardiovasculares, tener más de un factor de riesgo aumenta la posibilidad de sufrir un daño. Pero fíjate que algunos de los otros factores de riesgo para las enfermedades cardiovasculares también pueden estar asociados, aunque de una manera indirecta, con el nivel de estrés. Por ejemplo el hábito tabáquico y la hipertensión arterial, e incluso los trastornos en las grasas en sangre y la diabetes, porque si bien tienen una base metabólica, están muy asociados con nuestros hábitos alimentarios, y lo que comemos muchas veces lo elegimos en función de nuestro nivel de estrés. Es que como el estrés genera malestar, las personas, consciente o inconscientemente, buscamos aliviar, aunque sea de forma momentánea, ese malestar. Así, las transgresiones dietéticas, el consumo adictivo de tabaco o alcohol o cualquier otra adicción, pueden empezar como un intento de manejar los síntomas negativos del estrés. Si no, piensa: ¿quién no ha comido más alguna vez en un momento de ansiedad?.

Pero además de generarnos malestar, favorecer enfermedades cardiovasculares y adicciones, y el estrés está incluido como participe en muchas otras enfermedades como la gastritis, úlcera gástrica, síndrome de colon irritable, alergias, empujes de enfermedades autoinmunes, aumento del dolor crónico, o incluso depresión.

Además, el estrés crónico tiene un efecto directo sobre el sistema inmunitario, o sea, baja la efectividad de nuestro sistema de defensa, y somos más propensos a enfermarnos. Y hoy en día esto ya ha dejado de ser un concepto, para convertirse en una realidad biológica, verificable. Los niveles de cortisol elevados en sangre en forma sostenida, producto del estrés crónico, reducen directamente la respuesta inmunitaria de nuestro organismo.

En relación al estrés, hace un rato mencionabas la importancia de generar  más espacios de relajación física y mental.   ¿Puedes hablarnos un poco más sobre esto y sobre el papel que juega el Mindfulness en la reducción del estrés y en la Salud?

Nuestro sistema nervioso tiene una vía para generar estrés, que en su justa medida también es necesario para la vida cotidiana, se llama sistema nervioso simpático. Y además hay otra vía para generar relajación y reposo llamada sistema nervioso parasimpático. Ambas vías nerviosas son parte del sistema nervioso autónomo, el que por su propio nombre nos indica que nosotros no manejamos este sistema nervioso y estas vías mediante nuestra voluntad, sino que se activan y se desactivan secuencialmente durante el día, determinando distintos estados de estrés – relajación.

Como es de esperar, este sistema nervioso autónomo adapta sus patrones de funcionamiento a nuestra manera cotidiana de funcionar y pensar, así que en una persona estresada y sobreexigida física o mentalmente, su sistema nervioso autónomo va a generar activación de las vías de estrés con más facilidad;  así como  en  una persona relajada y tranquila, su sistema nervioso autónomo va a seguir activando con más frecuencia e intensidad las vías de relajación.

Así, como cuando vamos al gimnasio y entrenamos un grupo muscular, este crece y se fortalece, cuando entrenamos de forma consciente o inconsciente una respuesta de estrés, esta crece y se fortalece. Nuestro sistema nervioso autónomo se vuelve sensible al estrés, se vuelve experto en generar rápidamente respuestas de estrés o de relajación. Porque si nosotros entrenamos el hábito de relajarnos a diario, o frecuentemente mediante el yoga, la meditación u otra práctica que nos genere paz y tranquilidad, esta respuesta va a volverse más fácil de obtener y reproducir para el organismo en forma automática.

Esta es una de las causas por las cuales practicar meditación es importante para reducir el estrés, pues el efecto protector de la meditación comienza a operar, con el tiempo, más allá del tiempo, por períodos más prolongados, y en muchas otras situaciones, más allá del momento en el cual estamos practicando la técnica.

En el caso de Mindfulness, además, se trabaja mucho en traer nuestra atención al momento presente, además de practicar otras cualidades como la compasión y la aceptación.

Entrenar nuestra mente y nuestro comportamiento en enfocarse en el presente es, en sí mismo, reductor de estrés, ya que gran parte de nuestro estrés se genera por preocupaciones de un futuro que aún no podemos resolver, o por recuerdos de un pasado, que ya no deberían afectar nuestra situación actual. El arte de aprender a estar más presente,  más atentos y concentrados a lo que estamos haciendo ahora, reduce el flujo de pensamientos de preocupación, y con ello, el estrés.

Hoy en día, en varios estudios de neurociencias, se han realizado escáneres cerebrales a meditadores, mostrando que las áreas del cerebro que se activan en estos son diferentes a las de una persona que no medita. Así por ejemplo, ha podido verse que en una meditación sobre la compasión y un sentimiento de amor (no dirigido a nada o nadie en especial), muy similar a lo que se puede trabajar con Mindfulness en sus prácticas de compasión, se puede ver una menor actividad neuronal de la amígdala (una zona relacionada con el miedo y la ira), y una mayor activación de la corteza cerebral prefrontal derecha, en áreas asociadas con emociones positivas.

El hecho de poder medir que meditar aumenta el sentimiento de amor y reduce el miedo y el enojo (entre otras cosas), muestra muy claramente por qué prácticas como el mindfulness reducen el estrés, porque no es bastante difícil pensar que una persona que  experimente altos niveles de miedo e ira de forma sostenida, a su vez tenga bajos niveles de estrés, pues son dos condiciones que son prácticamente incompatibles.

Cada vez más, la lógica y la ciencia nos están mostrando cómo el cultivar sentimientos y emociones positivas y reducir la preocupación están a favor de nuestra salud física y emocional.

Entrevista realizada por Alejandra Sánchez Yagüe

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2018-06-12T00:02:03+00:00 07/06/2018|Sin comentarios

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